Enero no exige otra dieta restrictiva. Lo que pide, en realidad, es ritmo, alimento y reconexión. Después del desorden delicioso de las fiestas, lo que toca no es limitar, sino reequilibrar. Este es tu reinicio de temporada — sin culpa, sin extremos.
Calor para empezar el día
Los desayunos fríos en invierno entorpecen la digestión y bajan la energía. Cambia el smoothie por una avena caliente con fruta cocida, unos huevos suaves con espinacas o un caldo de miso con arroz. Arrancar con calor no solo activa el cuerpo, también calma la mente.
Hidratación con intención
En invierno, hidratarse bien no es solo beber agua, sino hacerlo de forma inteligente. Prueba infusiones de hierbas, caldos vegetales con limón o agua tibia con sal marina y una pizca de miel. Así ayudas al cuerpo a recuperarse sin forzarlo.
Suma lo que te nutre
En lugar de eliminar el pan o el azúcar de golpe, empieza por agregar lo que sí te hace bien: grasas saludables (aguacate, tahini, aceite de oliva), alimentos fermentados (kéfir, kimchi, chucrut), vegetales ricos en fibra. Al nutrirte, el cuerpo regula solo lo demás.
Los sabores amargos equilibran
Después de tantas cosas dulces, lo amargo ayuda a reactivar el sistema digestivo. Añade rúcula o escarola a tus ensaladas, toma una infusión de raíz de diente de león o una cucharadita de vinagre de manzana antes de comer. Tu hígado lo agradecerá, y tu paladar también.
Un ritual que puedas sostener
Olvídate de planificar cada comida como si fueras un robot. Elige un hábito que te guste: una sopa casera cada noche, visitar el mercado una vez por semana o desayunar sin pantallas. Lo simple, si se repite, transforma más que cualquier dieta.

